Kazakhstan, pais de paso esta vez.
El tren transfronterizo cruza “la linea” y se detiene de nuevo. Ahora es el turno de la inmigracion kazaka. El operarario que sube al tren no lleva el sello portatil, y recoge todos los pasaportes de los viajeros. En el vagon donde estoy, unos 65. Supongo que unos centenares en todo el tren. Entiendo que los van a pasar por el ordenador. En Uzbekistan ni nos dieron de baja en el registro de visados, van a perder la cuenta de cuanta gente tienen dentro del pais conspirando. Parece que va a ser una larga parada.
La vida en el tren es remarcable. La mitad del pasaje hace el recorrido por razones de desplazamiento y la otra mitad para vender comida, bebida y cigarrillos a los que se desplazan. Continuamente alguien te ensenya una bolsa, una bandeja o algo que lleva en las manos y te lo ofrece. A las horas de las comidas, te ofecen guisos cocinados que te sirven en un plato. Como estoy en el fondo del ultimo vagon, cuando llegan a mi, dan la vuelta y repiten el circuito. Al no ser muy buen cliente, algunos ni llegan a mi, y otros se sientan un rato a descansar y a compartir unas pipas de girasol y un te, que todo el mundo toma continuamente y se ofrecen entre si. El revisor y otro personal del tren que tambien pulula en esta zona, cuando se aburren, vienen y tambien pelan la pava con nosotros, pipa va, pipa viene. Aterrizamos en Beyneu, y todo el mundo desembarca. Es tarde, y en la misma estacion hay un sitio para dormir en el que cojo una cama.
Al dia siguiente toca el trayecto de Beyneu a Aktau, con un tren que viene del norte y recoge tropa en esta estacion. Con mi billete en una mano y la bici en la otra, espero en el anden que sea la hora, pero el tren llegara con un buen retraso. Hace un viento glaciar. Todo esta helado. Solo pienso en llegar a la promesa de un clima mas templado en la costa del Mar Caspio. Algo suena por la megafonia de la estacion. Parece que va a entrar el tren. Me coloco para estar cerca del ultimo vagon, pues si he de subir la bici, al final del todo es el mejor sitio, ya que no se molesta a nadie. Se detiene el tren, me dirijo al vagon de cola, y la supervisora, desde la puerta, me dice, supongo que en Kazako, que ni hablar, que la bici no sube. Curioso como se puede llegar a entender tan claro algo sin conocer una lengua. Pongo cara de perplejo, y ella se queda cruzada de brazos bloqueando la puerta. No parece que quiera negociar un plus por el tema. El NO ha sido radical. Pienso en que he perdido el dinero del billete, y que tendre que buscar una mashrutka que me quiera llevar. Cuando ya me iba a dar la vuelta, se suelta, y sobreentiendo “Vaaaaa, sube, que no soy tan mala…”. Sonrio como un tontet, y empiezo a cargar las alforjas y la bici. Bueno, parece que solventado. Mas tarde tendria que abonar un “impuesto revolucionario”, a puerta cerrada, al operario de las calderas del vagon, que decidio sacar provecho de la situacion.
Aktau es una ciudad costera del mar Caspio, al suroeste de Kazakhstan, en el meollo de los pozos petroliferos y de gas del pais. Por todos lados hay tuberias que se cruzan entre si como un ovillo creando verdaderos nudos. La estacion de trenes esta a 20 kilometros de la ciudad, (que mala punteria, no?) y unos lugarenyos se ofrecen a llevarme en su furgoneta e incluso a llevarme al hotelillo, que, segun informaciones, es el unico de precio asequible en la ciudad. De repente se nota mayor prosperidad economica. La cantidad de coches ha subido un monton, y la ratio turismo/todo-terreno es alta a favor de los TT. Eso significa que hay mucho capitalista suelto por aqui. La ciudad es moderna, creada en los 50 por los rusos en base a la explotacion de los recursos naturales de la zona. La costa esta limpia y el mar se ve precioso. Alrededor de la ciudad, solo desierto. Mientras quede petroleo, seguira habiendo ciudad prospera.
Alrededor del cruce del Mar Caspio en ferry, hay una especie de leyenda que crea un halo de misterio sobre el tema entre los viajeros que tenemos interes en ese paso y que, una vez mas, es fruto de la desinformacion que circula. La opcion aceptada como segura, es cruzar desde Turkmenistan, dos paises mas al sur, con un visado mas dificil de conseguir, pero con una linea regular y continua de barcos. Sobre la linea entre Aktau y Baqu, la capital Azerbaijani o Azeri, se dice que no es regular; que suele tardar entre 7 y 10 dias en ir y volver; que el barco (de Caspian Shipping), parte cuando esta lleno de mercancias, y que, aunque no es de pasajeros, los acepta; que nadie sabe cuando va estar en el puerto; que has de llamar por la manyana y por la tarde a la companyia para informarte, pues corres el riesgo de que llegue y se largue sin mas; que no te venden el billete hasta que ha llegado a puerto; que comprar el billete es dificil porque nadie habla ingles en la agencia, etc, etc. La informacion mas fresca que habia encontrado, era la del viajero que en octubre pasado hizo la misma ruta, y que tuvo su odisea particular en Uzbekistan. En esta situacion, una vez mas, hasta que no estas puesto en el sitio, no vas a saber como funciona el tema, aunque, una vez mas, sorpresa, sorpresa… Al entrar en el hotelillo, con la bici a cuestas, lo primero que me preguntan, en ruso, es si voy a coger el ferry hacia Baqu. El ruso ya no es lengua extranya, y lo referente a “donde vas”, “de donde vienes”, “como te llamas” etc, lo entiendo y lo respondo. Les digo que si, que es mi intencion, y, acto seguido, cogen el telefono y llaman a la agencia que vende los billetes para el ferry. Me pasa el telefono, y, en un ingles macarronico, que tambien entiendo, una chiqueta me dice que hay un ferry esta misma noche y que puedo cogerlo. Pienso que estar solo dos dias en Kazakhstan puede ser un derroche de visado, y le digo que no, que me espero al siguiente, disponiendome a estar una semana en la zona. Pero a la manyana siguiente, me dice que me prepare que el siguiente ferry es para manyana. Algo no cuadra, solo un dia de separacion… Si que hay trafico. El dia lo paso en Aktau, visitando lo poco visitable que hay, pero disfrutando de, por fin, un precioso dia de sol primaveral. Al dia siguiente, billete en el bolsillo, cojo la bici y tiro hacia el puerto, unos seis kilometros al sur de la ciudad. Alla espero mientras llega la hora y van apareciendo los otros pasajeros. En total, 8. Numero de poder. Entre ellos, la japonesa Mitsuko y el almirante de_cuyo_nombre_no_me_acuerdo pero que sale en las fotos, con los que compartiria la jornada de viaje.
Al final resulta que ahora hay dos ferrys haciendo la linea, el Mercuri 1 y el Daguestan, en sentidos opuestos y sin parar. Ambos estan preparados para llevar trenes en la bodega, asi como bicicletas. Se embarca al atardecer, te acomodan en unos camarotes y a dormir en puerto. A las 9 de la manyana, con la bodega llena de trenes (y bicicletas), sueltan amarras, y para Baqu, que falta gente. A mitad de camino te cruzas con el otro ferry, como un tren cremallera se cruza con el que va en sentido contrario, y ya falta menos. Ya de noche, se llega a Baqu, pero no se entra en puerto. En la zona de fondeo, echan las anclas, y todo el mundo a dormir. Por la manyana, hacia las 9, se levan anclas y en media hora ya esta el ferry en su muelle en el puerto de Baqu, una ciudad monstruo de otro pais de tuberias.
Si quieres ver las fotos de Kazakhstan, pincha la gorra del almirante .





